domingo, 30 de abril de 2006
El comunismo es un sistema teórico de organización social y un movimiento político basados en la propiedad colectiva de los medios de producción. Como movimiento político, el comunismo aspira a establecer una sociedad sin clases. El comunismo es una fuerza política importante desde los inicios del siglo XX, generalmente asociada con las ideas marxistas, aunque hay escuelas políticas no marxistas que también se consideran comunistas.

Tabla de contenidos [ocultar]
1 Bases ideológicas
2 El Manifiesto Comunista
3 Historia Política de los Partidos Comunistas
4 Movimientos Comunistas no-marxistas
4.1 Comunismo Anarquista
5 Otros Movimientos
5.1 Nacional Bolchevismo
6 Críticas
6.1 Personajes críticos contra el pensamiento comunista
7 Véase también

Bases ideológicas
El comunismo defiende la conquista del poder por el proletariado (clase trabajadora), la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, y por lo tanto la desaparición de las clases como categorías económicas, lo cual, finalmente, conllevará la extinción del Estado como herramienta de dominación de una clase sobre otra.

El movimiento adoptó la bandera roja con una hoz y un martillo cruzados (símbolo de la unión de la clase obrera y el campesinado), y desde su origen tuvo carácter internacionalista, aunque el Stalinismo recuperó el discurso nacionalista de la "madre Rusia" durante la Segunda Guerra Mundial, a la que la propaganda soviética siempre llamó "gran Guerra Patriótica".


El Manifiesto Comunista
Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo —Karl Marx y Friedrich Engels, "El manifiesto del partido comunista"

Así comenzaban en 1848 Karl Marx y Friedrich Engels el Manifiesto Comunista. Este documento sentó las bases de la teoría marxista o marxismo y aportó una identidad y un ideario básico al comunismo.

La definición de comunismo puede realizarse desde los enfoques ideológico-filosófico, político, y económico, en lo que este aspecto afecta al desarrollo y la evolución de las sociedades humanas.

Esta ideología, en sus facetas de teoría política y movimiento político y social se define a sí misma principalmente a través de tres rasgos:

La utilización de un método científico como herramienta o instrumento eficaz para realizar un análisis preciso de la realidad social y política. Se debe señalar que, según Marx, la situación económica de una persona es determinante (aunque no de manera absoluta, por lo que sería más apropiado señalar que es muy influyente) para el pensamiento de esa persona, la infraestructura económica es determinante para la superestructura ideológica.
Como segunda cuestión está la contradicción permanente entre el trabajo y el capital que se da en el capitalismo, es decir entre la clase trabajadora (fuerza de trabajo) y la burguesía. Esto da origen a la lucha de clases (como motor de la historia), razón de ser del comunismo como fuerza superadora de un sistema injusto: el capitalista en sus diferentes expresiones, por ejemplo el imperialismo.
Un tercer aspecto lo constituye la continua evolución del pensamiento marxista, y su adaptación a la realidad social y política en cada momento.
Basado en la dialéctica de Hegel, Marx concibió la resolución de la lucha de clases mediante una síntesis superadora de los contrarios, que daría luz a la nueva sociedad cuando la contradicción entre la acumulación de riqueza y la imposibilidad de que muchos disfrutaran de ella, llegaran a un punto insostenible. La sociedad igualitaria sólo podía realizarse cuando las tensiones internas del capitalismo alcanzaran su máximo desarrollo. Marx esperaba por eso que la revolución comunista estallara en los países más avanzados, especialmente en Inglaterra, cuna de la Revolución Industrial. El hecho que finalmente la revolución haya ocurrido en el país más atrasado de Europa, Rusia, radica en la teoría de desarrollo desigual y combinado y la nueva etapa del capitalismo, el imperialismo.

En la teoría marxista, el comunismo debía ser una etapa posterior al socialismo. La toma del poder por el proletariado y su consiguiente gobierno (llamado "dictadura del proletariado", aunque el término "dictadura", traducido del alemán en realidad denota "hegemonía") no garantizaba de entrada una distribución igualitaria de las riquezas, sino únicamente la garantía de que la clase dominante derrocada no accedería al poder nuevamente mediante maniobras políticas o militares. De esta manera, el comunismo llegaría cuando el proletariado lograra multiplicar los medios de producción y finalmente extinguirse el Estado. La primera etapa era pues la de socializar tales medios y entregar la administración de la riqueza al Estado Obrero, cuyo tamaño e influencia política disminuiría con el tiempo.

Marx consideraba deseable que la transición se hiciera con el mínimo de violencia. Definía la violencia como "partera de la historia", es decir, como la fuerza necesaria y aleatoria para lubricar un proceso casi inevitable. Por otra parte, creía que una vez desencadenada en un país, la revolución debía extenderse rápidamente a otros, debido a la existencia de un mercado mundial en el que circulaban los productos terminados y las materias primas.

El marxismo criticó severamente a los socialistas de su época, a los que atribuía finalidades meramente reformistas. La polémica entre socialistas y comunistas marcó las primeras décadas del siglo XX en el movimiento obrero europeo.

El Comunismo, tal y como se ha descrito, nunca ha sido llevado a la práctica, sino que se ha concretado siempre en formas políticas, económicas y sociales totalitarias, liberticidas e incluso genocidas; lo que ha sido interpretado de dos maneras opuestas: 1) como demostración de su perversidad intrínseca y su imposiblidad práctica, o bien: 2) como un refuerzo al argumento de que se trata de una realidad alcanzable pero aún inalcanzada por razones ajenas a ella misma, lo que convierte el Comunismo en una utopía que se verifica a sí misma en su imposibilidad de realización.


Historia Política de los Partidos Comunistas
La primera revolución que seguía los postulados marxistas no se produjo en un país central, sino en Rusia, en 1917. El líder del movimiento, Vladimir Ilich Lenin explicó esta imprevista (por Marx y Engels) resolución de las contradicciones capitalistas señalando que el capitalismo había fallado en su "eslabón más débil". En efecto, Rusia era un país de escaso desarrollo industrial y predominante base campesina semifeudal.

La Revolución Rusa llevó a cabo la supresión de la propiedad privada en la industria, creó cooperativas agrarias de incorporación forzosa para los campesinos y avanzó hacia la multiplicación de los medios de producción, en medio de una guerra civil que duró cuatro años. Uno de los primeros objetivos de Lenin fue electrificar Rusia (Lenin dijo en una ocasión que el comunismo era "soviets más electricidad"). Durante el gobierno de Stalin, la industrialización se hizo a paso acelerado, dadas las circunstancias internacionales. La II Guerra Mundial agudizó el proceso de creación de industria pesada y de alimentos, al mismo tiempo que aumentó los controles estatales. Este período se caracterizó por el avance hacia el socialismo a través de diversos planes quinquenales y de una concentración de poder en manos del Comité Central, según los partidarios de Stalin, necesaria por la Guerra.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que agrupaba los antiguos dominios del zar, era una potencia mundial. Con la muerte de Stalin, en 1953, sobrevino la crítica a sus métodos y al denominado culto de la personalidad, tolerados y auspiciados desde el poder. Esta etapa fue conocida como la del deshielo.

En 1991, tras un proceso de sucesivas reformas, y presionado por la Guerra Fría, el país se inició en el sistema capitalista, y las repúblicas que integraban la URSS se independizaron. La destrucción del Muro de Berlín que separaba la zona comunista de la zona capitalista (herencia de la división territorial posterior a la Segunda Guerra Mundial) fue el símbolo de esta caída.

La República Popular China, que había realizado su revolución en 1949, siguió adelante el proceso, en medio de crecientes contradicciones, hasta que comenzó a aceptar formas económicas mixtas a fines del siglo, sin cambiar el sistema político de partido único, y aún ejerciendo un fuerte control estatal.

A partir de la Revolución Rusa, la denominación de comunista quedó restringida a los partidos marxistas que se alinearon con la Unión Soviética. En cada lugar del mundo tuvieron suertes diversas, pero pocas veces llegaron al poder. Las excepciones fueron los países de Europa del Este que estuvieron bajo el control de los soviéticos durante más de 40 años después de la Segunda Guerra Mundial; Corea del Norte, Vietnam y Cuba. En Chile, a comienzos de los 70, el Partido Comunista llegó al gobierno en una alianza con los socialistas y partidos menores de izquierda. Esta experiencia fue frustrada por la durísima oposición de las fuerzas de centro y derecha y la conspiración de los Estados Unidos, que produjeron finalmente un sangriento golpe de Estado en 1973 y la muerte del presidente socialista Salvador Allende.

El movimiento comunista internacional atravesó grandes crisis en el siglo XX. La primera de ellas relacionada con el alejamiento de León Trotsky de la conducción de la Unión Soviética. Trostky se exilió en México, donde supuestamente fue asesinado por un agente de Stalin. El ex conductor del Ejército Rojo postulaba la revolución permanente. La segunda gran crisis la provocó el enfrentamiento de la Unión Soviética y China en lo referente a la política internacional. Desde los años del encumbramiento del mo en Europa, la Unión Soviética sostuvo una política de unidad con las fuerzas democráticas de la burguesía para los partidos comunistas que actuaban en el mundo capitalista y de coexistencia pacífica con el imperialismo. El Partido Comunista de China tenía una política de confrontación directa con el imperialismo, aunque apoyaba acuerdos con las burguesías nacionales confrontadas con el mismo. Esta política provocó otro cisma en muchos partidos comunistas. En los 70 del siglo XX el comunismo pro-chino viró hacia extrañas alianzas según fuera la relación de cada gobierno con Pekín.

Después de la Segunda Guerra Mundial, dos partidos comunistas europeos, el francés y el italiano, crecieron hasta el punto de convertirse en fuerzas políticas clave en sus respectivos países. Dominaban ampliamente el movimiento sindical, tenían una importante representación parlamentaria y jugaban una compleja política de alianzas en el plano interno. Fueron críticos, en muchos aspectos, de la Unión Soviética. Esta posición independiente convirtió a ambos partidos en núcleo del eurocomunismo, cuyo sesgo distintivo era la confianza en alcanzar el poder en los países capitalistas a través de las elecciones pluripartidistas. El eurocomunismo se enfrentó en ocasiones a la Unión Soviética. El Partido Comunista de Francia no modificó, sin embargo, el método de conducción centralista hacia lo interno. Menos rígido fue en ese sentido el Partido Comunista de Italia. Éste, además, diseñó una política de compromiso histórico hacia la Democracia Cristiana (centro) que significaba mucho más que eventuales alianzas tácticas. El Partido Comunista de España, menos poderoso, se sumó al eurocomunismo.

Después de la caída de la Unión Soviética, los partidos comunistas sufrieron transformaciones y divisiones en todo el mundo. Algunas fracciones adoptaron una política reformista, otras desarrollaron una táctica de oposición a la globalización capitalista buscando estrechar sus lazos con las masas marginadas por el llamado capitalismo consumista, y orientándose en algunos casos hacia el comunismo libertario. Muchos simpatizantes del marxismo en las décadas anteriores, apoyaron movimientos socialdemócratas en Europa y América latina.

En Cuba, la revolución de 1959 fue conducida por jóvenes revolucionarios que no pertenecían al Partido Comunista. Pero éste se convirtió en fuerza hegemónica en la medida en que la economía del país se hacía cada vez más dependiente de la Unión Soviética. Caída esta, Cuba permaneció como un solitario baluarte del comunismo en América latina, aunque aceptando la participación de capitales privados extranjeros en su débil economía, centrada en el turismo.

Incluso en la República Popular China se han desarrollado profundas transformaciones en torno a una internacionalización y una apertura económicas que distan mucho de su filosofía política. Una mezcla de comunismo en el discurso político teórico y capitalismo en la práctica en, cada vez más, amplios sectores económicos.

Vietnam ha iniciado reformas en el mismo sentido de China. Los otros países socialistas de la actualidad son Laos y Corea del Norte. Este último se ha destacado por el rechazo de reformas liberalizadoras, y una defensa férrea de la economía socialista, aunque últimamente está adoptando mecanismos para permitir la entrada de capital extranjero.

Los comunistas se diferencian de los demás partidos proletarios por el hecho de que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientes de la nacionalidad y, por la otra, porque en cada una de las fases de desarrollo que recorre la lucha entre el proletariado y la burguesía, defienden siempre los intereses del movimiento en su conjunto —Karl Marx y Friedrich Engels, "El manifiesto del partido comunista"

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Movimientos Comunistas no-marxistas
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Comunismo Anarquista
El Comunismo anarquista o comunismo anárquico es la corriente del anarquismo que admite el materialismo histórico como método de análisis de la realidad. Se distingue de los comunistas libertarios porque estos no tienen una teoría sobre la dualidad organizativa y, en general, porque consideran que la expresión comunismo libertario da lugar a malentendidos de carácter reformista o colaboracionista con el Estado burgués, así como que el adjetivo libertario se refiere más al ala liberal del anarquismo, encabezada por Rudolf Rocker.

Para el comunismo anarquista sus expresiones más acabadas a nivel teórico se encuentran en pensadores como Mijail Bakunin, Luigi Fabbri y Camilo Berneri. El comunismo anarquista asume como una corriente del mismo la expresada por el proletariado en la lucha de clases, con ejemplos en la Ucrania de 1921 y la Revolución Española de 1936 a 1939.

El hecho de que los comunistas anarquistas asuman el materialismo histórico (como hizo Bakunin) no significa en absoluto que sean marxistas.

Es más, tal como son antiburgueses son Comunistas-Materialistas Históricos antimarxistas, más si consideramos que históricamente han sido opositores a los Estados mal llamados Socialistas, Proletarios, etc, y Bakunin el primer pensador en anticipar el despotismo de las Repúblicas Rojas y predecir su posterior caída, los demás pensadores anarquistas, incluidos los partidarios del comunismo anárquico, han estado de acuerdo con esta postura desde antes que el tiempo les diera la razón.

La guerra civil en Ucrania ejemplifica las diferencias entre el Comunismo anárquico (como corriente revolucionaria) y el Estatismo Rojo del Marxismo (como corriente contrarrevolucionaria); el guerrillero anarquista revolucionario Nestor Makhno junto con sus camaradas anarquistas ucranianos, los obreros y los campesinos que tenían en sus manos los soviets lucharon en Ucrania con el Ejército Insurreccional de Ucrania defendiendo la autonomía de los soviets contra el Ejército Rojo del Partido Bolchevique que estaba convirtiendo a los soviets en un instrumento de su poder totalitario.

Consideran que los Estados llamados Socialistas así como los Partidos Comunistas o Estatistas retrasan, malforman e incluso impiden el proceso histórico de liberación del proletariado por sus propias fuerzas en la lucha de clases y se prestan para confundir el verdadero significado del Comunismo como forma de organización no Estatista, descentralizada y revolucionaria, además terminan pactando con las fuerzas burguesas espacios de poder político o repitiendo su misma forma de proceder con las clases obreras en vez de conducir a la liberación y revolución social, cayendo en lo que se llama Capitalismo de Estado y los comunistas anárquicos al ser anticapitalistas también se oponen al Capitalismo de Estado del Marxismo.

La lucha de clases de los comunistas anárquicos, como todo anarquista, es contra la burguesía así como contra la burocracia como otra clase social por encima del proletariado, por tanto contraria al objetivo de una sociedad sin clases, es por eso que dicen de la Dictadura del Proletariado que es realmente la Dictadura sobre el Proletariado.

Consideran también que la expresión libertario, en los momentos actuales de la filosofía política, puede confundirse más con un movimiento del liberalismo radical que un movimiento propiamente anarquista basado en la actuación del anarquismo en el seno del movimiento obrero organizado (es significativo que libertarian, en inglés y en español libertariano, significa partidario del capitalismo más puro).

La referencia organizativa del comunismo anarquista se concreta en la Federazione dei Comunisti Anarchici ([1]) en 2005.

En América Latina las agrupaciones que se denominan del socialismo libertario o del comunismo libertario son más afines al Comunismo Anarquista europeo que al sedicente "Comunismo Libertario".

Aún así muchos de los puntos expuestos explican gran parte de los postulados de las otras escuelas anarquistas, aunque existen también diferencias importantes entorno a asuntos de carácter doctrinal o filosófico tanto como organizativos y económicos.

Nota: Tanto al aquí llamado Comunismo anárquico (con su análisis materialista dialéctico de la historia) como al Comunismo libertario (que no necesariamente es materialista dialéctico) les son ajenas las críticas al Comunismo como modelo Estatista, Burocrático, Centralista o Autoritario puesto que como anarquistas son antiestatistas, obviamente antiburocráticos, descentralistas y partidarios de la libre adhesión.
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Otros Movimientos

Nacional Bolchevismo
El nacional bolchevismo es una ideología que supuestamente pretende combinar elementos del mo con el leninismo. Da una gran importancia a la geopolítica, y busca una unión de Rusia con el resto de Europa para formar lo que ellos llaman Eurasia.

Críticas
Las personas opuestas al comunismo marxista (estas no se aplican al comunismo antiestatal o no-marxista) suelen emplear algunas de las siguientes críticas:

La "propiedad colectiva de los medios de producción" es una ficción. Los medios están completamente controlados por una minoría burocrática (la "Nomenklatura" soviética) que es su verdadera dueña. Los que sostienen esta tesis sostienen que es importante distinguir entre propiedad de iure y propiedad de facto. De iure, la propiedad de los medios de producción es colectiva, de facto, la propiedad es de la Nomenklatura.
El comunismo violenta la libertad del individuo de trabajar en el campo que desee y con los métodos que desee, ya que la Nomenklatura dirige toda la vida económica, fijando métodos y objetivos de producción, precios y salarios.
El comunismo, como el nazismo, es un historicismo, esto es, una creencia en la existencia de leyes históricas. Las leyes históricas no existen, ya que la historia se ve alterada por los avances científicos, que son, por su naturaleza, impredecibles.
La economía comunista no puede funcionar correctamente, ya que sin mercado no hay precios, y sin precios el cálculo económico es imposible.
Las predicciones marxistas sobre la historia no se han cumplido.
"El estado de "Socialismo Real" (el estado que afirma ir hacia el Comunismo) es en realidad un capitalismo monopolista de estado, con todas las ineficiencias e injusticias que conllevan siempre los monopolios. Los regímenes comunistas necesitan de capital para producir, ya que el poseer capital es una necesidad ineludible para la producción. Decir que "se está en contra del capitalismo" es un engaño, ya que sin capital ninguna producción es posible. Incluso los cazadores-recolectores necesitan del capital intelectual que supone el conocimiento de su entorno para poder subsistir.

Personajes críticos contra el pensamiento comunista
Ludwig von Mises. Crítico económico del comunismo. En su libro de 1922 Socialismo predijo la caída de la URSS, basado en el argumento de que la ausencia de mercados imposibilitaba el cálculo económico. Mises afirmaba también que la acumulación de capital era tan necesaria en los paises "socialistas" como en los "capitalistas", ya que sin capital no se puede producir nada, por lo cual no había en realidad nadie que se opusiese de verdad al capitalismo, ya que la producción obtenible sin capital apenas sirve para subsistir.
Karl Popper. Crítico filosófico del comunismo. Afirmaba que el comunismo no era una teoría científica, al no ser falsable. Detalló los sucesivos fracasos predictivos del marxismo en su libro La sociedad abierta y sus enemigos, y criticó las tesis historicistas Nazis y Soviéticas en La miseria del historicismo.
Ayn Rand. Novelista-Filósofa no académica. Declaraba que el comunismo no solo era económicamente ineficiente, sino que además era inmoral porque atacaba la libertad económica del individuo, y si los frutos del trabajo de un individuo no le pertenecen, su vida tampoco le pertenece. Esta idea tiene, irónicamente, algún parecido con el concepto marxista de "alienación" del trabajador asalariado.
Milovan Djilas. Yugoslavo. Autor de La nueva clase, libro en el que describe la creación de una nueva clase burocrática, elegido por cooptación en los países comunistas, que, afirmaba, era la verdadera detentadora del poder.
Michael Voslensky. Funcionario de alto nivel soviético huido a occidente. Autor de La nomenklatura. Los privilegiados en la URSS, libro que respalda las tesis de Djilas
Publicado por Desconocido @ 5:07
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