KAKO2006

jueves, 18 de mayo de 2006

$>¿QUE ES EL JUICIO FINAL?

¿Qué es el Juicio Final?
¿Cuándo será?

Según la doctrina católica, inmediatamente después de la resurrección de los muertos tendrá lugar el Juicio Final, Juicio Universal o Juicio General. El Juicio Final es una verdad de fe expresamente contenida en la Sagrada Escritura y definida por la Iglesia de una manera explícita.

Por ello cada vez que rezamos el Credo recordamos este artículo de fe cristiana: “(Jesucristo) vendrá de nuevo con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin”.

El anuncio de un Juicio Final, el cual será para todos los seres humanos, está presente en muchas citas del Antiguo Testamento. Allí vemos anunciado cómo Dios juzgará al mundo por el fuego (Is. 66, 16). Reunirá a las naciones y se sentará a juzgar realizando la siega y la cosecha (Joel 4, 12-14). El Profeta Daniel describe con imágenes impresionantes este juicio con el que concluye el tiempo y comienza el Reino eterno del Hijo del Hombre (Dn. 7, 9-12 y 26). El Libro de la Sabiduría muestra a buenos y malos juntos para rendir cuentas; sólo los pecadores deberán tener temor, pues los justos serán protegidos por Dios mismo (Sb. 4 y 5). (cfr. X. León-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica)

Cristo mismo varias veces nos habló de este momento, así:

“Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se golpeen el pecho verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con el Poder divino y la plenitud de la Gloria. Mandará a sus Angeles, los cuales tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo a otro del mundo.” (Mt. 24, 30-31).

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su Gloria rodeado de todos sus Angeles, se sentará en su Trono como Rey glorioso. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos, así también lo hará El. Separará unos de otros, poniendo las ovejas a su derecha y los machos cabríos a su izquierda” (Mt. 25, 32).

San Pedro y San Pablo también se ocuparon del tema del Juicio en varias oportunidades. Nos aseguran que Dios juzgará a cada uno según sus obras sin hacer diferenciación de personas, de raza, de origen o de religión. (1 Pe. 1, 17 y Rom. 2, 6). También nos dice San Pablo que todo se conocerá, hasta las acciones más secretas de cada uno (Rom. 2, 16).

San Juan nos narra en el Apocalipsis la visión que tuvo del Juicio Final: “Vi un trono espléndido muy grande y al que se sentaba en él. Su aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas. Los muertos, grandes y chicos, estaban al pie del trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el Libro de la Vida. Entonces los muertos fueron juzgados de acuerdo a lo que estaba escrito en los libros, es decir, cada uno según sus obras” (Ap. 20, 11-14).

De acuerdo a estas citas sabemos que:

Cristo vendrá con gran poder y gloria, en todo el esplendor de su divinidad.
Cristo glorioso será precedido de una cruz en el Cielo (la señal del Hijo del Hombre).
Vendrá acompañado de los Angeles.
Con su omnipresencia, todos los resucitados, de todas las naciones estarán ante Cristo Juez. Comparecerán ante el Tribunal de Dios todos los seres humanos, sin excepción, para recibir la recompensa o el castigo que cada uno merezca. En el Juicio Final vendrá a conocerse la obra de cada uno, tanto lo bueno, como lo malo, y aun lo oculto.
Ya resucitados todos, Cristo separará a los salvados de los condenados.
En una de sus Catequesis el Papa Juan Pablo II trató el tema del Juicio Final y en ella afronta la aparente dicotomía entre “Juicio” y “Misericordia”, asegurándonos que son la misma cosa. Nos recuerda que Dios no envió su Hijo al mundo para condenarlo, sino más bien para salvarlo (Jn. 3, 17). (JP II, 7-7-99)

¿Quién se salvará? Aquél que tiene fe en Jesucristo, nos dice el Evangelio. Pero tener fe en Jesucristo no significa solamente creer en El, sino que es indispensable vivir de acuerdo a esa fe; es decir, siguiendo a Cristo en hacer la Voluntad del Padre. Para los que así hayan actuado, no habrá condenación, pues aunque todos estábamos condenados por el pecado de los primeros seres humanos, al cual hemos añadido nuestros propios pecados, Jesús, Hijo de Dios, vino a hacer justicia, una justicia que nos salva, en vez de condenarnos, una justicia que -como lo indica la misma palabra- nos “justifica”.

Por eso el Papa puede asegurarnos: “Sólo quien haya rechazado la salvación ofrecida por Dios con su misericordia ilimitada, se encontrará condenado, porque se habrá condenado a sí mismo”. (JP II, 7-7-99)

Alude también el Papa a “la dificultad de encontrar justicia en los hombres y en sus instituciones”, por lo que en la Biblia se muestra que “la justicia sólo se realizará plenamente en el futuro” por parte del Hijo de Dios. Y así, “el triunfo de los justos se transformará en pánico y en asombro para los impíos”(JP II, 7-7-99). El Papa se refiere, sin duda, a los siguientes textos bíblicos:

“Al tiempo de dar cuenta de sus pecados, irán acobardados ... Pero el justo se presentará con gran confianza, en presencia de los que le hicieron sufrir y se burlaron de sus penas. Al verlo, comenzarán a temblar de tanto miedo, asombrados por la salvación inesperada del justo, y dirán lamentándose y gimiendo angustiados: Este es aquél del que nos burlábamos, al que insultábamos con nuestras ironías. Su vida nos parecía una tontería y su muerte una humillación. ¿Cómo puede ahora estar entre los hijos de Dios y tener herencia entre los santos? Es cierto que perdimos el camino de la verdad. El espíritu de justicia no fue nuestra luz; el sol verdadero no nos iluminó ... No fuimos capaces de conocer el camino del Señor. ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿Qué provecho sacamos de tanta riqueza y vanidad? ...” (Sb. 4, 20 - 5, 23)

“Ustedes me han ofendido con sus palabras, dice el Señor, y todavía preguntan: `¿Qué hemos hecho contra Ti?' He aquí lo que han dicho: `No vale la pena servir a Dios. Qué ganamos con guardar los mandamientos o con hacer penitencia ante el Señor de los Ejércitos? Más bien tenemos que felicitar a los soberbios, pues hacen el mal y prosperan, provocan a Dios y escapan sin castigo'”. Entonces, los que temen al Señor hablaron unos con otros. Y el Señor puso atención y escuchó lo que decían y se escribió ante El un libro en el que están registradas las obras y los nombres de los que temen al Señor y lo honran. `El día que Yo actúe', dice el Señor de los Ejércitos, `ellos serán mi propiedad personal y yo seré indulgente con ellos, como un padre es indulgente con el hijo que lo obedece. Entonces verán la diferencia entre los buenos y los malos, entre los que obedecen a Dios y los que no lo obedecen. Ya viene el día, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja. El día que viene los consumirá', dice el Señor de los Ejércitos, `hasta no dejarles ni raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen al Señor, brillará el Sol de Justicia, que les traerá la salvación en sus rayos” (Mlq. 3, 13-20).

Es decir, el Juicio Final dará a conocer la Sabiduría y la Justicia de Dios. Ese día conocerá toda la humanidad cómo Dios dispuso la historia de la salvación de la humanidad y la historia de cada uno de nosotros para nuestro mayor bien, que es la felicidad definitiva, perfecta y eterna en la presencia de Dios en el Cielo. Se conocerá cómo los diferentes males y sufrimientos de las personas y de la humanidad los ha tornado Dios para Su gloria y para nuestro bien eterno. Mucho de lo que ahora en este mundo se considera tonto, negativo, incomprensible, se verá a la luz de la Sabiduría Divina.